Siempre pasa algo bueno.

Cuando me informan de que hay 500 platos de comida para poder ayudar a personas en situación de calle, no dude en aceptar, no había podido ayudar de esta forma desde hace mucho tiempo.

Las ansias eran demasiadas porqué esta visita especial es difícil saber que puede pasar, todos los medios son ajenos a mi, sin embargo es lo que más me gusta, el accionar y reaccionar bajo la improvisación de la situación.

Fue un día largo, cansado llegue a casa, con un poco de tristeza por ver a muchos, muchos (y la verdad le sumo otro “mucho” al asunto), sin poder, tener que comer, que se emocionan cuando ven que se les da un plato de comida, por otro lado me sorprendí que aun hay muchos que mantienen su dignidad y a pesar que están en esa situación, no se atreven a pedir por pena, no se, pero no se atreven, igual se les habla y muchos aceptan, otros prefieren dárselos a un tercero que sabe o cree que lo necesita más que él. Aquí es donde aprendo cosas nuevas, aquí es donde la realidad sigue dándome cosas para crecer como persona.

En el fondo, soy feliz por poder ayudar, se que mis amigos, compañeros de labor piensan lo mismo, todos fuimos felices al final de la tarde, con el corazón hinchado de alegría por poner nuestro granito de arena.